La parte más importante de la vida, es la muerte, por ello el gran final.

miércoles, 3 de octubre de 2012

La espera





¡Cómo ves a ese idiota! -pensaba-. Se encuentra ahí esperando a que venga un tren vacío, si en el que vengo yo es el más vacío que él podría tomar, al menos dentro de la siguiente hora próxima.

¿Acaso es nuevo en la ciudad de México? No lo creo; aunque viste muy formal como para ir en metro, posiblemente sea un simple capitalino de clase media-baja a juzgar por el tipo de ropa nacional, queriéndose ver bien para su trabajo en donde la falta de estética no tiene cabida ni aquí, ni en China, ni en Nueva York, tampoco en la India.

O quizá esté aguardando por alguien, alguien que obviamente llegará tarde y tendrá que subirse con él o ella en un tren casi lleno; en donde el “casi” no tiene respeto ni presencia. Por la forma de como mira su reloj, esa manera exasperada, anuncia ya un tiempo considerable de espera.

Yo, tengo que ir a recoger a mi novia, con la que he quedado de verme en un punto medio de nuestras respectivas casas, aun no sabremos que hacer hoy, yo quisiera dar un paseo o desayunar juntos, platicar o felizmente caminar. Pero qué querrá ella, siempre me gusta complacerla, soy envidioso y egoísta; disfruto de verla feliz y contenta, que por más que piense a donde ir, lo que quiero es verla sonreír, alegrosa; rimbombante diría ella.

Hago un recuento; billetera, celular, reproductor de música -para el regreso-, mi camisa está bien, pantaloncillos, perfume, veo mi reflejo a través de la ventana y aseguro. Todo tú estas bien.

¿Cómo vendrá ella? ¿Tendrá un vestido? No, no lo creo. Caminar con un vestido en pleno transporte público no es algo que vaya con las reglas de "vestido de peaje". Quizá algo un poco informal. Puede que sea unos jeans o mayas con una playera coqueta, de esas que me gustan. Todo en ella me gusta, la amo incluso desnuda y sin arreglar; pienso por primera vez en algo sexual. No, ya no. Hoy no tenía ganas, solo quiero abrazarla, conversar, saber que está bien. Ya ha pasado un tiempo; avancé muchas estaciones y el personaje solitario se quedó atrás.

Hay una pareja haya a lo lejos, con un infante de unos siete años. Se ve relativamente feliz, he implico la palabra relativamente debido que la pareja se besa mientras el niño saborea un helado -es muy temprano para un helado-,  nadie conversa.

Volteo a ver la cantidad de estaciones faltantes, son pocas; ahora me cuestiono, -¿Cómo la sorprenderé esta vez? No tengo tiempo para flores y comprar algo en el ambulantaje no es ni romántico, ni sorpresivo, ni nada atrayente a menos que ella me pidiera algo en específico. Ya sé, solo la abrazare y preguntaré, cómo te sientes. A veces, una simple muestra de afecto como la son los abrazos resulta bastante efectiva para saber que ella siempre tiene mi apoyo.

Estoy aquí, busco su cálida mirada, la cual pude encontrar hasta en las épocas invernales más perpetuas. La veo, está bonita, aunque tiene una cara de persona acongojada.

-¿Estás bien, te abrazo?
-No por favor, quiero hablar contigo -Luego, todo calla-.

Espero solo mi regreso, me pregunto, ¿acaso vendrá un tren vacío, seré un solitario más? Eso pasa por la falta de comunicación, que bueno que no compre las flores.

jueves, 12 de enero de 2012

PRIMERA CARTA

Es quizá tus labios carmesí, la mirada de tus ojos, tu piel aterciopelada, las migajas que me dejas esperando encontrar en ellas el camino a tu corazón o al olvido.
Y es que desde que te sentí dentro de mí la vida se me fue en un eterno suspiro, de ti, del calor de tus abrazos y la mirada fingida, pero quizá sea la ficción algo que nunca supe disimular.
Y es que me enamoré de ti, quizá no debí decírtelo, quizá debí guardármelo quizá debí decírmelo solo a mí.
… Ser paciente
Pero es que te veo tan ajena, tan lejos de mí, tan circunstancial… Que un suspiro bastaría para alejarte e irte con mis pensamientos infieles a mi realidad, renuentes a quedar otro día sin ti.
Han pasado los días y solo veo desgastarse la tinta de mi pluma y es justo en ese momento cuando empiezo a creer que mis letras no tienen sentido ser escritas si no son leídas por ti.
Empiezo quizá a creer eso…
Creer que no todo tiene sentido en esta vida, quizá enamorarse y no ser correspondido no tiene sentido, si yo soy el único invisible en tu corazón.
Detrás de tu piel están los tulipanes de Irlanda, el valle de tus misterios, y los recónditos lugares perfectos de tu cuerpo.
Bebo otro sorbo de cafeína esperando encontrar en ella el despertar y tomar un golpe de realidad, a sorbos se me van los segundos y el olor a canela se vuelve más tenue a tu lejanía.
Y es que tú siempre estás acompañada, caminan junto a ti, borran tus pisadas y me dejan morir en el desierto de tu saliva.
Borran nuestros atardeceres y entre bofetadas sublimes me dicen que no soy para ti; y entre bofetadas sublimes me dices que podrías ser para mí.
Somnoliento hoy, eh acabado con los complejos y la única jurisdicción que importa es la tuya, la mía y quizá la nuestra.
Haciendo a un lado las restricciones empezaré a escuchar mis sentimientos, sin importar que en estos momentos no escuches la voz de mis canciones.


R.Tecayehuatl

domingo, 17 de julio de 2011

Soledad y compañía





Las ventanas empapaban lágrimas de lluvia; quise odiarte pero odiar es un talento que con el tiempo pierde sentido y fuerza.
Empezaba a creer que nadie llegaría a mi vida, me encontraba desolado, triste, guardado… Esperaba un soplo de aire vacío en la terraza que al final acabara por derrotarme y tirarme al vacío con la ingenuidad de que alguien a la mañana siguiente podría encontrarme tirado en el rellano de mi casa.
Había comprado una gran casa, por que después de los negocios estaba pensando seriamente en emprender mi propio establecimiento familiar…
Pero fui débil, o quizá muy fuerte para continuar con mi vida en busca tuya y de tus arrebatables sonrisas y abrazos desesperados que terminarían por quitarme el aliento.
Quise pensar que fui fuerte. Sin imaginarlo aquella tarde cuando volvía del supermercado, tu perfume había conseguido captar más que mi atención, estaba embobado con tu mirada onda hacia ninguna parte y la figura que torneaba el talle de tu blusa, creí que la soledad había confundido mis sentidos y con un parpadeo podría haberte perdido en un soplo de viento.
Creí muchas cosas; empapado en la desidia había optado por no hablarte, pero fue difícil por que tú ya me estabas hablando. La magnificencia con la que te dirigías a mí era perfecta, te encontrabas segura con la tranquilidad de una mujer decidida, creí que irías al grano preguntando por el sanitario o la oferta del día, pero descubrí que la seguridad se quedó en tus tacones y con la mirada fija me dijiste, -Hola-, días después me enteré que realmente buscabas la oferta del día, pero argumentaste que ese “Hola” fue tu forma de decirme que las compras podrían esperar…
Años de mi vida llegue siempre a la conclusión de que la perfección no existe, pero en ese momento de aromas pasionales, frutales, en el que llevabas un tono rojo-carmesí en tus labios, unos tacones altos y tu cabello sobrepasando los límites de tus hombros, revindique mis conclusiones y entendí que la perfección es algo relativo para quien la ve, y yo te veía a ti.
Y ese día, sin decir más palabras comenzamos a salir…